El agresor de 15 años en el tiroteo de la Escuela 40 de San Cristóbal tenía una canana cruzada con cartuchos de escopeta, cada uno con unos 300 perdigones, y provenía del abuelo materno. Intentó recargar el arma en un pasamanos donde ocultaba cartuchos y disparó al portero Barreto, pero el cartucho estaba percutado y no salió.
Barreto, el portero, se arrojó sobre el agresor para reducirlo y evitar más muertes, arriesgando su vida, mientras alumnos escapaban y el arma fue descartada en el lugar. Testigos confirmaron que alumnas vieron al tirador recargar y tenía intenciones de continuar matando.
El contexto familiar del agresor es complejo: padres separados, padre internado por adicciones, madre con problemas de consumo y medicada, y el chico también posiblemente medicado, según vecinos y empleados. Jugaba mucho con el celular, estaba aislado y sin conexión con compañeros.