El Papa León XIV profundizó en su reflexión pascual afirmando que la resurrección de Cristo no es un evento del pasado sino una fuerza imparable que late en el mundo actual, venciendo injusticias, dolores y oscuridad mediante pequeños brotes de vida.
Durante la comunión espiritual, se invitó a los fieles a abrir sus corazones a Cristo resucitado, abrazando a los que sufren por injusticia, hambre, enfermedad, guerras y violencia, recordando que en Cristo brota una vida nueva más fuerte que la muerte.
Se actualizaron las cifras a 50.000 fieles en la Plaza San Pedro y 10.000 en alrededores, con 19,5 grados bajo sol radiante. Tras la oración post-comunión, el Papa impartió la bendición final, concediendo premio de inmortalidad y deseando llegada a la fiesta eterna.
La misa concluyó con "pueden ir en paz", iniciando la procesión de reingreso a la Basílica. Se destacaron las decoraciones florales donadas por Holanda en su 40º aniversario, con 65.000 bulbos de tulipanes, narcisos y otras 7.800 flores, dirigidas por Piet van der Boer.
Los comentaristas reiteraron el mensaje del Papa sobre el poder de la muerte interna (pecados, decepciones) y externa (injusticias, guerras, abusos, idolatría del lucro), invitando a ensanchar el corazón hacia la plenitud en Cristo vivo. Se preparó el escenario para el mensaje pascual y bendición Urbi et Orbi con Guardia Suiza.