La pareja de Mariano Páez, padre de Agostina, admitió que él realizó gestos racistas similares a los de su hija durante un festejo por su regreso de Brasil, donde estuvo detenida por un incidente con comentarios sexistas y cobro irregular. Explicó que surgió de una discusión en un bar cuando le preguntaron por el dinero pagado —21 millones de pesos equivalentes en dólares para indemnización—, acusándolo de usar fondos estatales, lo que lo enfureció bajo efectos del alcohol.
Agostina, quien evitó una condena mayor gracias a cambio de estrategia, abogada brasileña y Cancillería Argentina, enfrenta riesgos porque el caso no está cerrado: falta sentencia en 15 días con acuerdo de cursos y pago económico. El perito Roberto Mezaniela advierte que los gestos tienen gran peso en Brasil, generan repercusión negativa en medios y pueden influir en magistrados sensibles a la opinión pública, además de leyes locales contra delitos de odio.
Agostina repudió públicamente los gestos de su padre, aclarando que estuvo en casa con amigos, que responde solo por sí misma, ya pidió disculpas y aprendió de su error, distanciándose: "Mi viejo es más grande que yo". Insiste en no mezclar temas, enfocada en reconstruirse, aunque medios brasileños reviven el escándalo.
En Brasil, gestos racistas deshumanizan, ocurren en calles y fútbol con multas severas; argentinos están avisados de consecuencias. Posible aplicación de ley argentina por delitos de odio.