Monseñor Jorge García Cuerva, Arzobispo de Buenos Aires, presidió la Santa Misa desde la Catedral Metropolitana. La celebración incluyó lecturas del Antiguo Testamento pasando a la Nueva Alianza, con énfasis en la resurrección de Jesús.
En la carta de San Pablo a los Romanos, se leyó que los bautizados se sumergen en la muerte de Cristo para vivir una vida nueva, identificándose con su resurrección. El Evangelio según San Mateo relató la visita de María Magdalena y la otra María al sepulcro, donde un ángel anunció la resurrección de Jesús y les indicó llevar la noticia a los discípulos.
Durante la homilía, Monseñor García Cuerva explicó que para recibir la buena noticia de la resurrección hay que predisponerse con un gran temblor de tierra interior que sacuda seguridades y soberbia, y dejar que Dios se siente sobre las piedras de los problemas, en lugar de paralizarse en ellos. Contrastó a los soldados, que temblaron y quedaron como muertos representando control y corazón frío, con las mujeres atemorizadas pero alegres que se movilizaron y se encontraron con Jesús, quien les dijo "alegrense".
Invitó a no vivir como muertos, sin pasión ni esperanza, sino a honrar la vida con garra, salir de la tristeza estancada y pelear el duelo entre temor y alegría. Pidió que Jesús resucitado traiga paz revolucionaria, transformando corazones, Argentina y el mundo, especialmente entregándose a los que sufren.
La misa continuó con la renovación de las promesas bautismales, renunciando al pecado y al demonio, profesando fe en Dios Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo, y asperjando agua bendita para recordar el bautismo.