Gigliola presentó su libro como feminista y político, escrito para mujeres con honor hacia ellas en tiempos de guerra, inmigración y conocimiento de un nuevo país.
Nacida en Italia con ciudadanía argentina, definió su patria de origen por la lengua materna y familia, rechazando nacionalismos rígidos. Insistió en vivir intensamente explorando el sentido de la vida, esa fuerza para superar enfermedades y pérdidas.
El libro la hizo llorar a Luis Novaresio en pasajes como la página 66 sobre la madre dejando al hijo y el viaje del padre, y reír con la muñeca de cartón y el pañuelito bordado de una niña resiliente.
Habló de supersticiones en medios, escribir desde el alma y experiencias vividas, incluyendo feminismo aunque no activista, y sexo en niños como erótico natural.