El presidente Donald Trump y el secretario de defensa Pete Hester aceptaron la renuncia inmediata del jefe máximo del ejército estadounidense, un militar con más de 40 años de carrera que participó en guerras del Golfo, Irak y Afganistán.
La salida genera interrogantes sobre posibles cambios en la estrategia de la guerra contra Irán, incluyendo la opción de una operación terrestre quirúrgica con 50 mil soldados para objetivos puntuales como el estrecho de Hormuz o el uranio enriquecido.
Esta maniobra coincide con el logro parcial de objetivos aéreos por parte de Estados Unidos, pero persisten desafíos nucleares y el control iraní del estrecho de Hormuz.