El Kremlin mantiene una alianza estratégica con Irán contra sanciones occidentales, enviando drones, medicinas, alimentos y equipo militar, pero niega compartir inteligencia pese a acusaciones de Ucrania y Estados Unidos sobre fotos satelitales de bases como Diego García.
Rusia pactó envíos de ayuda días después del inicio de la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, admitiendo ayuda humanitaria pero negando inteligencia para no enfadar a Donald Trump, quien levantó sanciones temporales al petróleo ruso y suspendió ayuda gratuita a Ucrania. Putin critica ataques a Irán invocando derecho internacional, hipócrita ante su invasión ucraniana y bombardeos a Chernóbil.
La cooperación incluye el Corredor Norte-Sur, ruta comercial a través de Irán hacia India, proyectos nucleares en Bushehr y sur de Irán, evacuados por la guerra. Rusia apuesta por influencia en Irán post-guerra pese a su economía herida, con déficit de 40.000 millones de dólares, despidos masivos en Gazprom y ataques ucranianos a puertos como Ust-Luga, que perdió el 60% de capacidad.
China sale beneficiada con transición energética y Franja y Ruta para reconstruir Golfo, mientras Rusia abandona aliados como Assad en Siria, armenios en Nagorno-Karabaj, Maduro en Venezuela y no ayuda en ataques previos a Irán. La guerra no cumple expectativas rusas, mostrando hipocresía en medios estatales comparables a Ucrania.