Sugieren no sacar celulares de prisiones sino reemplazarlos por equipos controlados con IA, monitoreo biométrico y redes privadas pagadas por presos, como en Bolivia y EE.UU.
Evitaría call centers delictivos, estafas y amedrentamientos; IA detecta palabras sospechosas, videollamadas verifican identidad y acceso regulado a educación/cultura cuesta cero al Estado.
En Servicio Penitenciario Federal secuestran 50-100 celulares diarios, uno por preso; sistema permite llamadas familiares seguras sin redes públicas.