La Vía Dolorosa, calle de un kilómetro desde Puerta de San Esteban al Santo Sepulcro, marca el camino de Jesús con la cruz, deteniéndose en estaciones de blasfemias, flagelación y caídas.
Los peregrinos memorizan la pasión de Jesucristo en silencio orante, viviendo emociones incontenibles en Jerusalén, culminación del viaje a Israel.
El conductor invita a quedarse por más experiencias fuertes en la ciudad santa.