Marielena Ruiz, conocida como Marita, avistó en agosto un ser translúcido flotando sobre un duraznero en el Vivero del Lago de Capilla del Monte. El ente tenía ojos amarillos luminosos y, al asustarse mutuamente, generó una corriente que volteó plantines y quebró una rama, dejando resina en un pino.
Posteriormente, Marita oyó voces en su cabeza llamándola por nombre, la llevaron a la base del Cerro Uritorco. Pidió a un remisero esperarla siete minutos; desapareció horas, encontrada en un río seco pese a búsquedas previas infructuosas por policía y bomberos.
Desarrolló estigmas de Cristo en muñecas, tobillos y pecho, y escritura automática con mensajes de misión familiar. Otro vecino vio ser similar traslúcido con ojos amarillos en su casa. Testigos describen fenómenos como interdimensionales.
Investigadores locales corroboran sinceridad de Marita, religiosa pero no obsesionada con ovnis; su marido reportó ovnis previos.