El estuario de Bahía Blanca es un ecosistema único donde se mezcla agua salada y dulce, hogar del cangrejo cavador, clave para formar canales y atrapar nutrientes que alimentan almejas y gusanos en la cadena trófica.
La gaviota cangrejera, endémica del sudeste sudamericano y emblema de la ciudad desde 2004, depende exclusivamente de ese cangrejo; se considera amenazada por modificaciones del hábitat, contaminación y cambio climático que eleva el nivel del mar.
Desde 2003, biólogos y guardaparques estudian sus colonias en islas del estuario mediante anillado, revelando rutas migratorias; las poblaciones indican la salud ambiental ante puertos, polo petroquímico que procesa 7 millones de toneladas anuales de derivados del petróleo y desechos.
Otras especies como tortugas marinas (verde, carey, laúd) y tonina franciscana usan el área para alimentarse, afectadas por pesca accidental; humedales como este filtran carbono pero enfrentan erosión, desarrollo económico y desconocimiento histórico.
El barco pesquero Usurbil, usado en Malvinas y abandonado tras incendios dudosos, ejemplifica desinterés; loros barranqueros forman colonia urbana única en la ciudad.