El cierre del Estrecho de Hormuz genera un shock económico global con el petróleo superando los 100 dólares por barril, llegando a 120 dólares, encareciendo combustibles y afectando la vida cotidiana en todo el mundo.
Se impacta la producción de alimentos por falta de fertilizantes del Golfo Pérsico, distribución de medicamentos vía Emiratos Árabes Unidos e India (60% de vacunas mundiales), metales, químicos, electrónicos, azufre para baterías y plásticos para envases de agua.
Países responden con medidas de ahorro: Corea del Sur reduce duchas y cargas nocturnas de teléfonos; Filipinas declara emergencia nacional y corta jornadas laborales; Pakistán cierra escuelas dos semanas y vuelve al teletrabajo; India usa leña para cremaciones en vez de gas; Singapur promueve electrodomésticos eficientes y autos eléctricos.
Nueva Zelanda da 30 dólares semanales a familias pobres; Australia sanciona especulación en combustibles; China prohíbe exportar combustible; Tailandia suspende viajes oficiales y usa escaleras; Japón usa 5 mil millones de dólares de reservas para frenar nafta. Panelistas anticipan recesión global y aceleración de transición energética liderada por China.