Médicos anestesistas y personal de salud consumen fentanilo y propofol robados para fiestas sexuales y recreativas, causando muertes por paro respiratorio, como dos anestesistas y un enfermero fallecidos recientemente.
Expertos Geraldine Peroneche y doctor David de la Asociación Argentina de Toxicología explican que áreas como anestesia, terapia intensiva y emergentología son vulnerables por acceso fácil, estrés laboral y generaciones jóvenes con consumo frecuente, incluyendo chemsex y policonsumo.
Se detectan casos grupales con modus operandi de robo y redistribución, aunque habitual es individual. Antecedentes médicos muestran uso recreativo pese a riesgos letales por sobredosis mínima sobre dosis terapéutica.
Urgen prevención con políticas de testeos, trazabilidad de sustancias de farmacia a paciente, campañas desde facultades y controles institucionales, ya que adictos no deben ejercer profesiones críticas con vidas ajenas, comparado a pilotos o conductores.
Asociaciones médicas deben abordar estigma de adicciones y salud mental para tratamientos, ante crecimiento de consumos rituales desde secundaria hasta médicos, con responsabilidad mayor en anestesia por acceso privilegiado.