El transatlántico alemán Monte Cervantes se hundió el 22 de enero de 1930 en las aguas del canal Beagle cerca del Faro Le Seclair, pero la rápida evacuación salvó a todos los pasajeros.
Ushuaia, con apenas 800 habitantes incluyendo 400 presos del presidio, duplicó su población al recibir a 1400 náufragos y mostró inmensa solidaridad alojándolos.
Los encuentros generaron amistades duraderas entre náufragos y pobladores, mantenidas por herederos hasta hoy.
El buzo Héctor Monsalve rescató objetos del naufragio desde los años 70, exhibidos en museos, y descubrió el barco a 132 metros de profundidad lleno de vida marina y colores inesperados en aguas frías.
El naufragio se convirtió en arrecife artificial colonizado por fauna como centollas.