La maldición sobre Adán por escuchar a su mujer hizo que la tierra diera cardos y espinos en lugar de frutos, obligando al hombre a comer con el sudor de su frente hasta volver al polvo. Esto resultó del pecado y desobediencia, no de bendición, explicando por qué muchos sufren hambre pese a la tecnología y necesitan gobiernos que administren bien economías e industrias.
La mayor parte de la humanidad padece hambre o trabaja como esclavos diez a catorce horas diarias, incluyendo mujeres e hijos, lo cual no es el plan original de Dios sino el plan B por la caída. Solo el Creador puede redimir de esta maldición mediante la fe en su Hijo Yeshua, el Mesías, quien paga deudas de pecados, económicas y de honra.
En tiempos de Pesach, que significa pasar por alto, Dios visitó Egipto para liberar a su pueblo de esclavitud ordenando sacrificar un cordero y pintar sangre en puertas para evitar muerte de primogénitos.