La Ciudad Vieja de Jerusalén, amurallada y dividida en cuartos cristiano, judío, musulmán y armenio, aparece totalmente vacía durante el amanecer de Viernes Santo.
Las calles con locales cerrados y persianas bajas muestran ausencia de gente, atribuida a la guerra en Medio Oriente, miedo y represalias en la región.
En el área musulmana abundan locales religiosos, pero los pasillos permanecen desiertos en esta fecha litúrgica.