Desde hace un mes, los misiles balísticos iraníes dominan el cielo nocturno en Medio Oriente, desafiando a la coalición liderada por Estados Unidos e Israel con una red de defensa subterránea sofisticada.
Irán posee el depósito de misiles más vasto de la región, con proyectiles de corto, mediano y largo alcance que transportan 1.500 kilos de carga a 2.000 kilómetros, amenazando todo Israel y bases estadounidenses en el Golfo.
Un ataque a la base de Diego García en el Océano Índico alertó a la OTAN sobre el alcance global, mientras las bases iraníes en montañas permiten contraataques rápidos con combustible sólido.
Estados Unidos dañó centros de producción, pero impactos recientes en Qatar y Kuwait muestran que el arsenal persiste, dirigiendo el conflicto hacia un desgaste prolongado.