El polvo proveniente del desierto del Sahara llegó hasta la isla de Creta en Grecia, tiñendo el cielo de rojo y reduciendo la visibilidad a casi cero.
El fenómeno, impulsado por sistemas de baja presión y fuertes vientos en el Mediterráneo, también afectó otras regiones de Grecia y Libia, suspendiendo vuelos y empeorando la calidad del aire por las partículas en suspensión.
Imágenes apocalípticas muestran el impacto, similar a lo visto días atrás en Australia, con partículas que complican la respiración en la zona.