Enzo Fernández cuenta que la terapia iniciada tres meses antes del Mundial le cambió la vida, ayudándolo a expresar emociones, manejar frustraciones post-partido y desarrollar conciencia emocional.
Nunca había ido a terapia antes, pero ahora no puede dejarla, recomendándola para todos, incluyendo jugadores de fútbol que antes evitaban psicólogos en vestuarios.
Con su pareja Valenzuela Cervantes, discuten quién es más romántico: él prepara cafés sorpresa y regalos, pese a crisis pasada donde se separaron y ella participó en MasterChef.
Revela cábala de usar el mismo bóxer en partidos, lavado entre usos, incluso en triples fechas, priorizando prendas ganadoras sobre higiene según su mujer.