La Aripuca en Puerto Iguazú, Misiones, es un monumento gigante construido hace 35 años con 30 variedades de maderas nativas rescatadas de tormentas, cierres de caminos y rayos, con permisos legales, que homenajea la selva misionera.
Sebastián, responsable del lugar, explicó que la Aripuca es una trampa guaraní tradicional que atrapa animales vivos sin lastimarlos, replicada a escala monumental con ejemplares como una araucaria de 27 metros y otra de 17 metros, para reflexionar sobre el cuidado ambiental y la reposición de especies nativas.
El proyecto de producción orgánica con árboles nativos data de hace 50 años; el parque ecológico ofrece productos sustentables como hierbas orgánicas, dulces de frutas de monte de 30 variedades, helados únicos de palmito y yerba mate, artesanías guaraníes y un salón de piedra de 500.000 kilos con historia de rocas misioneras.
El nombre Aripuca, conocido mundialmente y en Brasil como Arapuca, simboliza la trampa no letal y ahora representa este espacio único que impacta a turistas con su escala y mensaje ecológico.