En transmisión en vivo, los astronautas ingresan a la nave espacial del programa Artemis para orbitar la Luna, con el objetivo de explorar recursos como tierras raras, metales y agua, y establecer una base para futuras misiones a Marte. La misión dura 10 días, incluye una órbita terrestre inicial, viaje de dos días a la Luna, una pasada por el lado oscuro a 7.000 km y regreso con reingreso crítico a la Tierra.
Argentina participa con el microsatélite Atenea, un CubeSat de 12 unidades desarrollado por CONAE, que mide radiación a 72.000 km de altura, prueba GPS por encima de los satélites habituales, testa tecnología comercial espacializada y evalúa comunicaciones. Es uno de solo cuatro países (junto a Arabia Saudita, Alemania y Corea del Sur) en la misión, destacando la capacidad científica argentina validada por la NASA.
Alejandro Martínez, decano de la Facultad de Ingeniería de la UBA, explica que la Luna ofrece un sexto de la gravedad terrestre, ideal para lanzamientos y extracción de minerales raros demandados en electrónica. La misión revive una "guerra fría espacial" por recursos y bases, con avances tecnológicos masivos desde Apollo: computadoras millones de veces más potentes que un celular actual.
Se discute la geopolítica lunar: tratados incompletos de la ONU regulan objetos espaciales pero sin penalidades firmes, similar a conquistas históricas. Los astronautas siguen rutinas estrictas en espacio reducido, con comida procesada nutritiva y comunicaciones con delay creciente. Puntos clave: despegue en horas, órbitas, encuentro lunar y reingreso.