Israel y Estados Unidos continuaron sus ataques esta madrugada contra Isfahán en Irán, utilizando bombas antibúnker GBU-72 de 2.000 kilos cada una, que cuestan 288.000 dólares, para destruir instalaciones subterráneas del programa nuclear donde se enriquece uranio.
Los analistas explicaron que los objetivos identificados se están agotando, lo que complica continuar la guerra solo con ataques aéreos y podría forzar negociaciones o operaciones terrestres para liberar el Estrecho de Hormuz. Estados Unidos podría retirar tropas alegando objetivos cumplidos, aunque Irán retiene control del estrecho y capacidad para financiar terrorismo.
Los precios del combustible en Estados Unidos escalaron al promedio nacional de 4 dólares por galón, el nivel más alto desde 2022 y un dato políticamente sensible que tradicionalmente perjudica electoralmente al gobierno, habiendo subido desde 2,91 dólares un mes atrás y menos de 3 al inicio de la guerra.
El panel coincidió en que retirarse ahora sería una derrota para Israel y Estados Unidos, con altos costos presupuestarios y sin liberar el estrecho, mientras marines siguen desplegados y la capacidad militar iraní está degradada pero insuficientemente.