El portero Fabio, un docente que realiza tareas de maestranza en la escuela 40 Mariana Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, se abalanzó sobre el agresor de 15 años armado con escopeta, lo redujo tras cuatro disparos y evitó una tragedia mayor al impedir que recargara y siguiera tiroteando. Fabio contó que encaró al chico en shock, quien tenía un cinturón con más cartuchos, y lo contuvo hasta la llegada de la policía.
La comunidad vela los restos de la víctima Ian Cabrera, de 13 años, quien llevaba apenas un mes en el secundario; el velorio concluye con traslado al cementerio mientras el pueblo permanece en estupor 24 horas después del ataque a las 7:21, cuando los alumnos entraban al colegio. Bicicletas abandonadas, bandera sin izar y alambrados vencidos reflejan la estampida de 200 chicos que escaparon saltando rejas y rompiendo vidrios, con ocho heridos leves por cortes.
En el hospital de niños de Santa Fe, el alumno Felipe, compañero de primer año del agresor y amigo de Ian desde jardín, lucha por su vida con perdigones detrás de los ojos y la tráquea; está entredormido en cuidados intensivos, fuera de peligro pero con intervenciones quirúrgicas pendientes y largo proceso psicológico. Su tía relató la preocupación del chico por el fallecido y exigió justicia, mencionando problemas familiares y posible bullying en el agresor, quien repitió año.
El reportero Martín González, padre de un niño de 12 años, confesó la dificultad emocional de cubrir la escena, comparándola con una bomba atómica; clases suspendidas hasta después de Pascuas y vecinos que abrieron puertas para refugiar a los chicos completan el panorama de horror en una escuela convertida en segundo hogar inseguro.