Un alumno de 15 años ingresó a una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, con un arma oculta en un estuche de guitarra, cargó en el baño y disparó cuatro veces durante el izado de bandera, hiriendo a un chico de 13 años.
El portero de la escuela reaccionó encarando al agresor, lo redujo tras los disparos y lo contuvo hasta la llegada de la policía, evitando más víctimas; el menor estaba en shock y tenía munición extra en un cinturón.
Testimonios de compañeros negaron bullying significativo, describiendo al chico como tranquilo, estudioso con notas altas y unido al grupo, aunque admitieron bromas leves como moverle el banco para despertarlo; mencionaron problemas familiares como divorcio de padres y autolesiones que lo llevaron a tratamiento psicológico.
Autoridades educativas y judiciales confirmaron que el agresor no tiene antecedentes escolares, atravesaba situación intrafamiliar compleja y será procesado bajo el Código Procesal Penal Juvenil de Santa Fe sin responsabilidad penal plena; padres y alumnos relataron el pánico con niños refugiándose en casas vecinas.
En entrevista, la psicopedagoga María Zisman, de Libres de Bully, enfatizó no naturalizar autolesiones ni conductas agresivas en adolescentes, priorizar el cuidado de la comunidad escolar en shock y cuestionó grabar sufrimiento ajeno para likes.