En el noroeste del Gran Buenos Aires, el clan familiar Rivero, acusado de abusar sexualmente de una nena de 13 años (su propia sobrina), incendió la casa de los vecinos Priscila y su marido como venganza por denunciarlos públicamente como violadores y vendedores de drogas, según relata Matías Rezano en vivo.
Los agresores balearon en la cabeza al hermano discapacitado de Lorena (cuñada de Priscila), quien se recupera en casa tras nueve días; apuñalaron seis veces al marido de Priscila y una vez a ella en la cabeza. Dos miembros del clan están detenidos por drogas, pero Vicente David Rivero permanece libre vendiendo estupefacientes pese a la perimetral que ellos mismos obtuvieron contra las víctimas.
Priscila denuncia amenazas diarias de quemar la casa de su cuñada donde ahora vive, con patrulla de amigos armados del clan; la policía local es pariente de los Rivero y no actúa. Versiones contradictorias: el clan acusa a Priscila de querer sus casas, pertenecer a "banda tucumanos" y golpear mujeres, mientras ella defiende que el terreno fue regalado hace 37 años y critica la inacción judicial.
La madre de la nena abusada vendía droga con ellos y la denunció tras pelea interna, lo que derivó en allanamiento. Panel critica el desastre de la justicia que permite convivencia con abusadores libres y perimetrales invertidas.