Los argentinos consultados en las calles de Lanús relataron en vivo cómo no llegan a fin de mes en este marzo eterno, con sueldos que no alcanzan para cubrir gastos básicos mientras acumulan deudas en tarjetas, préstamos y piden a amigos para sobrevivir.
Una kiosquera jubilada aporta su jubilación al negocio familiar para ayudar a su hija viuda con tres niños pequeños que no puede trabajar; un vendedor ambulante con cinco hijos apenas llega al día 6 y tuvo que pedir prestado para un cumpleaños; Lucía, sola y sin hijos, recibe ayuda de sobrinos y viene de la clínica con bajo ánimo por la crisis.
Gustavo labura 12 horas diarias en un kiosco sin alquilar ni pagar expensas gracias a su esposa docente, pero igual no le sobra; Martín, docente en seis colegios, paga alquiler que se lleva el 50% de su sueldo y solo llega hasta el 15 del mes, sumando horas y clases particulares; Osvaldo en gastronomía ajusta con ocho horas pero lucha diariamente.
Todos coinciden en restringir salidas, comidas afuera, cine y actividades recreativas para los chicos, endeudándose o pidiendo ayuda familiar en un contexto de aumentos en luz, ABL y transporte que agravan la pobreza según datos del INDEC.
Las ventas caen, los jubilados y pensionados de 400.000 pesos rotan préstamos, y la ayuda por hijos AUH salva a algunas familias monoparentales, pero el consenso es que "está jodida la mano" para todos.