En el funeral de Gian, el chico de 13 años asesinado por un compañero de 15 con una escopeta robada a su abuelo, la comunidad se congregó en duelo mientras el abuelo declaró que el arma fue robada y negó haber enseñado a usarla o tener cartuchos.
El portero del colegio relató cómo redujo al agresor desorientado tras los disparos, quitándole el arma y sentándolo en preceptoría, donde el joven no recordaba sus acciones. La justicia contradice al abuelo, confirmando que el nieto pasaba tiempo con él y conocía la escopeta en la forrajería familiar.
Investigan si el agresor fue vulnerado online por una red extranjera vía Discord y juegos de roles, con dos intentos previos de suicidio y conversaciones planeadas para el ataque. El abuelo denunció el robo tras el hecho en comisaría para evitar responsabilidad penal por negligencia.