Un alumno de 15 años ingresó a la Escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, con una escopeta calibre 12/70 escondida en un estuche de guitarra, gritó "sorpresa" como en una película y abrió fuego durante el izado de la bandera, matando a un niño de 13 años al desarmarle la cabeza con un disparo y hiriéndolo a otros dos con perdigones, uno en cara y cuello.
El tirador recargó el arma varias veces entre los cuatro o cinco disparos, apuntó hacia la sala de profesores y gritó que quería matar a toda la escuela mientras reía al ser detenido; testigos lo describen como un chico normal y tranquilo que jugaba al básquet, sin problemas de conducta aparentes, aunque surge hipótesis de bullying por videos donde le pateaban el banco.
El portero Lucas ingresó heroicamente al edificio en medio del caos, desarmó al atacante y lo retuvo hasta la llegada de la policía, evitando una masacre mayor; sobrevivientes como Gaspar Martínez, de 17 años, relataron el pánico inicial pensando en un cohete, la corrida desesperada y cómo silbaron los perdigones cerca.
Padre de otro alumno de 13 años, Julián, contó que su hijo Nazareno saltó tejidos para escapar; la familia del tirador tiene un comercio de gas e insumos agropecuarios, no se confirma origen del arma ni si era para caza; gobernador Maximiliano Pullaro envió ministros como Cocosioni, Goiti y Tejeda, y confirmó un herido fuera de peligro tras traslado en código rojo a Rafaela.
Expertos como Sergio Siciliano hablan de señales ignoradas como timidez extrema, posible bullying y crisis de salud mental infantil por pantallas y violencia en juegos; comparan con casos previos como Patagones e insisten en detectar alertas para prevenir.