Expertos destacan desafíos como la ausencia de atmósfera y campo magnético en la Luna, exponiendo a partículas solares nocivas, a diferencia de la Estación Espacial Internacional protegida por el campo terrestre. Planean satélites para monitorear variaciones radiativas y probar manejo, vida a bordo y reingreso atmosférico directo, evitando roces iniciales por daños en escudos de Artemis I.
La nave Orión, más grande para cuatro tripulantes (incluyendo mujer, afroamericano y canadienses), usa mecánica celeste para órbita lunar única que acelera retorno. Reingreso genera 5.000-6.000 grados por fricción, crucial tras desprendimientos en prueba anterior; ventanas de lanzamiento optimizan combustible y trayectoria hacia posición lunar futura.
Históricamente, misiones Apolo usaron luna llena para iluminación; esta permitirá primeras vistas humanas del lado oculto. Ingenieros priorizan despegue, órbita y amerizaje bajo estrés extremo.