El príncipe heredero Mohammed bin Salman (MBS) impulsa Visión 2030 para diversificar la economía saudita más allá del petróleo, empoderando a mujeres y jóvenes en un país donde el 70% de la población es menor de 30 años. Ascendió al poder en 2015 con su padre, el rey Salman, y confinó a rivales en el Ritz Carlton de Riad, recaudando 107 mil millones de dólares mediante extorsiones disfrazadas de lucha anticorrupción.
MBS reduce el poder de los clérigos conservadores, disuelve la autoridad de la policía religiosa y reescribe la historia nacional en museos como el de Diriyah, fijando 1727 como fundación del estado saudita para minimizar el rol wahabí. Abre sitios como Al-Ula a turistas con inversiones millonarias, raves en el desierto y eventos internacionales como la Copa Mundial 2034, atrayendo estrellas como Ronaldo.
Sin embargo, reprime disidencia: activistas como Foss Al-Otaydi y su hermana Manahel Alotaybi, condenada a 11 años de prisión por ropa inapropiada y cuestionar tutela masculina pese a reformas. Para The Line en Neom, un exoficial revela órdenes de usar fuerza letal contra la tribu Huwaiti, resultando en la muerte de Abdul Rahim Al-Huwaiti y 300 ejecuciones récord en 2024.
Escándalos como el asesinato de Jamal Khashoggi y el fracaso en Yemen contra hutíes respaldados por Irán no frenan su agenda; dialoga con Teherán vía China y coquetea con normalizar lazos con Israel, aunque Gaza revive tensiones palestinas. Analistas dudan del éxito ante costos disparados y dependencia petrolera persistente.