Un alumno de 14 años agredió brutalmente a otro en el aula de la escuela 38 de Mar del Plata por negarse a cederle el asiento: lo golpeó con puños en la cabeza, lo derribó al piso y lo pateó, mientras compañeros filmaban sin intervenir y docentes presentes miraban pasivamente sin actuar.
La víctima sufrió fractura lineal en el maxilar superior y huesos faciales, conmoción cerebral posible y requiere evaluación quirúrgica para respirar; su madre Gisela reveló un año previo de bullying ignorado por el colegio (bajarle pantalones, tocar cola, quitar sillas), con repetidas quejas desoídas y minimización del incidente inicial como "tres golpes leves".
La carátula cambió de lesiones leves a graves; inspectores del Ministerio de Educación expulsaron al agresor, quien venía de otra escuela por caso similar, pero padres no se presentaron ni empatizaron; una inspectora pidió borrar videos alegando trauma a la víctima y evitar denuncias.
Docentes y vicedirectora estaban en el aula durante la agresión pero no intervinieron; Gisela trasladó sola a su hijo a clínica privada ante negativa de ambulancia escolar; panel indignado por complicidad institucional y riesgo fatal evitado de milagro.