El primer ministro británico Keir Starmer lanzó la campaña del Partido Laborista para elecciones locales del 7 de mayo, afirmando que la guerra en Irán no es la guerra de los ingleses y no se dejarán arrastrar por ella.
Starmer reconoció el miedo de la población por impactos en facturas y vida diaria ante guerras en Ucrania-Rusia (más de cuatro años) e Irán, con explosiones e infraestructura destruida en pantallas. Elogió a ucranianos en el frente.
Usó el contexto para posicionarse como líder prudente y responsable, asegurando apoyo a familias ante incertidumbre por precios y consecuencias fatales de los conflictos.