Clotilde, una mujer de 82 años, relató en vivo cómo cuatro jóvenes entraron a su casa a las tres de la mañana, la agarraron de la garganta, la cachetaron, la golpearon en cara y brazos, y revolvieron todo exigiendo plata. Se llevaron dinero y una cartera con primeras letras de su hija y nieta, objetos de valor afectivo irremplazables.
Esta es la segunda vez que sufre un robo violento; años atrás perdió a su marido en uno similar con revólver. Los ladrones entraron por ventana y terraza, sacaron televisor grande, dejaron pisadas pero solo de uno. Intentaron atarla con sábana pero no lo lograron; tenía cara descubierta y actuaron como en su casa.
Clotilde expresó odio y angustia constante por inseguridad, no duerme tranquila hace seis años, exige medidas a autoridades ya que policía vino pero cierra expedientes sin resolver, como en caso anterior. Su hija Gabriela la acompañó; menos mal su nieta de 13 años no estaba en casa.
Denunció violencia pese a su edad y llamó a gobiernos a proteger vecinos vulnerables, sin problema personal con políticos pero conceptual por falta de seguridad.