Cinco jóvenes con pasamontañas ingresan a una casa en Lomas de Zamora, duermen al boxer con cebo, atan y golpean salvajemente a dos jubilados de 78 y 80 años, gatillan armas en sus cabezas y los separan en habitaciones para torturarlos exigiendo dinero.
Los ladrones, que usaban handies de frecuencia policial y un Bora blanco de vigilancia externa, sabían los movimientos de la casa con múltiples cámaras, se llevan objetos sentimentales como relojes antiguos y alianzas, pese a datos falsas sobre riquezas.
El hombre sufre puntos en ceja, moretones y es cardíaco; la mujer tiene dos costillas fisuradas y hematomas, logra desatarse y llamar al 911. El hijo Facundo denuncia en redes la violencia tras 35 años en el barrio.