Un adolescente de 15 años ingresó a la Escuela Mariano Moreno en San Cristóbal, Santa Fe, con una escopeta del abuelo cargada como bandolera con 50 cartuchos, disparó cuatro veces y mató de un balazo por la espalda a Ian, un chico de 13 años, único hijo cuidado por sus padres que jugaba en Club Independiente. Ocurrió durante el izado de bandera; el portero Martín González lo redujo en estado de shock evitando más víctimas, mientras el agresor tardaba en recargar de a dos cartuchos.
Compañeros niegan bullying contra el agresor, quien se autolesionaba con brazos lastimados y confesaba problemas en casa, criado por una niñera que resulta ser la tía de Ian. Llegó en moto temprano, escondió el arma en un buzo, jugaba cartas en el patio; días antes amenazó "ya vas a ver" tras desafío de tiros. Ian entró al baño, vio al agresor cargando y recibió el disparo al huir. La madre llegó primero pidiendo el arma para devolvérsela al abuelo "porque se va a enojar si se entera que el pendejo se la llevó", en shock sin caer en la gravedad hasta que la policía la frenó.
Expertos en estudio coinciden en fallas sistémicas: psiquiatra Andrés Mega pide psicocriminogénesis para entender motivación, posible imputabilidad sin psicosis; defensora Sara Canepa critica debilidad en sistemas de protección y prevención; fiscal Gabriel González de Silva destaca accesibilidad al arma lícita pese a portación para caza; defensor Tilio Álvarez urge prevención sobre sanción recordando masacres previas como Carmen de Patagones; Pablo Morosi lo califica crónica anunciada por señales ignoradas.
Panel denuncia falta de integración: no se pregunta por armas en tratamientos pese a autolesiones, RENAR con 5 inspectores nacionales, ausencia de gabinetes escolares y trabajo interdisciplinario. Alertan efecto copycat por redes y contexto que idolatra violencia, riesgo de multiplicación sin aprender de casos repetidos.