Carlos Cafri, ex médico argentino en Israel, describió la rutina diaria bajo ataques constantes de 10 a 13 misiles balísticos diarios lanzados por Irán desde el sur, mientras en el norte Israel crea una franja de seguridad de 7 km en Líbano contra Hezbollah.
En hospitales del sur, como tras impactos en Arat y Dimona, reservan camas para múltiples heridos y limitan atención ambulatoria para priorizar urgencias. La vida comercial se restringe a máximo 50 personas por lugar para evitar aglomeraciones, y los niños permanecen en casa, obligando a padres a quedarse también.
Cafri explicó el protocolo de refugios: 1,5 minutos para llegar tras alarma, esperar explosiones en atmósfera y salida solo con aviso oficial. Comparó con la Guerra del Golfo sin defensas antimisiles, destacando que el sistema israelí reduce víctimas y pánico. La población ve la guerra como existencial, sin oposición interna.
Factores clave incluyen alertas en celulares, refugios públicos y privados, y el escudo antimisiles. No hay pánico general; la gente retoma actividades pese a restricciones. El petróleo subió a 115 dólares por el conflicto.