Al asumir como príncipe heredero, Mohammed bin Salman (MBS) impuso restricciones de viaje a Omar y Sara al-Jabri, hermanos menores de 17 y 18 años que intentaban estudiar en Estados Unidos. Su padre, Khalid al-Jabri, ex funcionario de seguridad con acceso a secretos, se refugió en Canadá, visto por MBS como amenaza potencial.
En 2017, MBS confinó a unos 300 prominentes sauditas, incluyendo familiares reales y multimillonarios, en el Ritz-Carlton de Riyadh bajo pretexto de lucha anticorrupción. Un equipo secreto de contables y abogados compiló expedientes financieros, forzando cesiones de empresas y pagos que recaudaron 107 mil millones de dólares.
La población saudita no sintió lástima por los confinados, muchos vistos como corruptos beneficiados por el antiguo régimen. MBS diseñó la represión para silenciar opositores que perdían privilegios estatales.