Un cabo de Gendarmería mató a un motochorro e hirió a otro en legítima defensa durante un robo frustrado de celulares a las 23 horas, pese a que los asaltantes portaban una réplica de pistola 9mm como arma de juguete. El efectivo permanece con custodia por temor a represalias y bajo investigación, aunque panelistas afirman que se configuran los requisitos de agresión ilegítima, falta de provocación y necesidad de defensa.
Expertos como el doctor Adrián Tenka explican que al exhibir un arma, aunque falsa, el gendarme actuó correctamente sin saber si era real, invirtiendo la carga de la prueba para fuerzas de seguridad. Discuten el desequilibrio entre policías que respetan protocolos y delincuentes que no, prefiriendo ir presos antes que morir.
El debate deriva en si ser motochorro es negocio: roban un celular por día ganando 3 a 8 millones de pesos mensuales compartidos con cómplices, vendedores y prestamistas de motos robadas. Critican la organización criminal donde usan motos de terceros para evitar decomisos.
Propone prohibir dos personas en moto para frenar robos, como en Colombia, aunque falló por falta de cumplimiento; rechazan por afectar libertades y laburantes. Insisten en libre albedrío: nadie obliga a ser chorro, hay elecciones pese a condicionantes sociales.
Estiman cientos de miles de motochorros en Argentina, nutidos de NiNi, con estafas desde cárceles vía celulares; urge mayor control pese a cifras negras de criminalidad.