Estudiantes indios como Shira Keshrani y Matthew Pauloshan llegan a Alemania atraídos por másters en universidades privadas baratas, pero hallan oficinas reconvertidas, clases online canceladas y falta de diversidad. Agencias como Upgrad cobran comisiones altas prometiendo títulos y empleos.
Con 60.000 indios estudiando allá, optan por privadas laxas por plazas difíciles en públicas. Enfrentan costos altos: préstamos de 18.000 euros, alquileres sobrevalorados vía intermediarios turbios que retienen fianzas.
Trabajan en repartos para Amazon o cocinas con presión extrema, salarios bajos por debajo del mínimo y sin tiempo para estudiar. Viven hacinados pagando doble en pisos compartidos sin contacto directo con dueños.
Algunos como Matthew logran trabajos en cuidados a mayores aprendiendo idioma y cultura; tras graduarse tienen 18 meses para empleo fijo o deportación. Alemania necesita mano de obra en asistencia pese a dificultades de integración.