Predicar con el ejemplo es clave para criar hijos con valores espirituales y armonía en el hogar, alejados del mundo que chupa energía. Los niños aprenden de lo que los padres hacen, no de lo que dicen.
Ser coherentes en la vida diaria enseña honestidad y valores sin palabras. Un padre que miente no puede pedirle verdad al hijo.
Los padres deben estar en armonía equilibrada, no ser veletas emocionales o bipolares permanentes.