Los ataques entre Hezbollah e Israel profundizan las divisiones sectarias en Líbano, donde más de un millón de personas, mayoritariamente musulmanes chiitas, han sido desplazadas y más de mil han muerto.
En Beirut, cristianos temen albergar a desplazados chiitas por riesgo de seguridad, con controles estrictos de documentos ante posibles infiltrados de la milicia financiada por Irán. Expertos advierten que Israel busca empujar chiitas para generar conflictos internos latentes.
Hezbollah asegura priorizar la agresión israelí y resolver crisis interna después. Israel amenaza mayor destrucción y ocupación del sur libanés hasta el río Litani para crear zona de seguridad. UNICEF alertó previamente que ningún lugar en Beirut es seguro y 370.000 niños desplazados desde marzo, algunos varias veces.
Familias libanesas quedan atrapadas entre Hezbollah e Israel cerca de iglesias, sin saber de dónde vendrán las bombas impredecibles.