Rocío Gancedo sufrió un agravamiento de su trastorno límite de personalidad (TLP) durante su participación en Gran Hermano debido al encierro y la falta de tests psicológicos exhaustivos en el casting, según expertos en el programa.
Panelistas como Celia Antonini explican que el aislamiento intensifica el TLP, con riesgos de suicidio y desequilibrios emocionales, y critican que la producción ingrese perfiles vulnerables para generar rating, ignorando medicamentos como ketiapina que indican patologías graves.
Jorge Sonski, quien acompañaba a Rocío, relata cómo ella ocultó su historia de abuso sexual infantil facilitado por su madre y traumas reprimidos que afloraron en el reality, pidiendo salir tras brotes visibles en vivo después de 13 días.
Se cuestiona la responsabilidad de los psicólogos del programa, que supuestamente sabían de su diagnóstico previo, y el abandono post-reality que profundiza problemas, como en casos similares de femicidios o suicidios relacionados con el encierro.
El debate destaca que no todas las personas toleran la presión extrema del formato, potenciando lo peor en vulnerables para entretenimiento.