La vendedora conocida como Negrita contó que nació dentro de las ruinas jesuíticas de San Ignacio Miní en Misiones, ya que su padre fue uno de los restauradores contratados por la Nación en 1945 cuando el lugar era selva.
El padre de Negrita administró las ruinas durante 40 años, juntó chicos del pueblo para que estudiaran la historia con el libro del padre Furlo y los convirtió en guías para los pocos turistas de la época.
La madre de Negrita, llegada de Paraguay, fue la primera en vender comida en San Ignacio con sopa paraguaya, chipa guasú y empanadas de carne, y luego artesanías traídas de todo el país. Negrita y su hermana guiaban visitas nocturnas con linterna desde los 7 años.
En su tienda frente a la salida del parque, ofrece artesanías aborígenes como canastas de tacuara fina, mates en tornería pintados a mano, pantallas de hojas de palmera, colgantes de lianas y tallas en madera, adaptadas al transporte de turistas en avión, auto o colectivo.