Dios predestinó en su amor la adopción de hijos para salvación de toda la raza humana, según Efesios 1:4-5, y no destina a nadie para perdición.
El Señor es paciente y quiere que todos vengan al arrepentimiento, como dice 2 Pedro 3:9, y desea que todos los hombres sean salvos, conforme a 1 Timoteo 2:4.
Se critica la doctrina calvinista que divide la humanidad en predestinados para salvación o perdición, llamándola gran mentira, pues Dios da libertad para escoger vida o muerte según Deuteronomio 30:19.
Aunque el apóstol Pablo se consideraba predestinado, advertía que golpeaba su cuerpo para no ser descalificado, como en 1 Corintios 9:27, y exhortaba a obrar la salvación con temor según Filipenses 2:12.
Los predestinados deben cuidar para no perder la salvación, como indica 2 Juan 1:8.