Una mujer llevó a Leyva Joyas un prendedor de brillantes de 1920, una carcasa de reloj a medida de oro con color extraño y joyas pagadas por su ex esposo, tomándolas como indemnización por daños tras la separación reciente.
El tasador valoró el prendedor por su antigüedad de la década dorada de joyas, usado por gente rica, con brillantes; confirmó que la carcasa es de oro pese a su apariencia y que todas las piezas tienen valor comercial, incluso rotas.
La clienta, recuperándose emocionalmente, pidió cotización en dólares y quedó sorprendida con el total de 5.300.000 pesos, pagados en efectivo de inmediato.
Destacó la amabilidad del tasador Francisco y el alto precio inesperado, recomendando el lugar.