Dios se satisface viendo multitudes salvadas por el alto precio pagado por Jesús, no solo individuos. El predicador rebate que a las iglesias solo interesan números, recordando que Jesús murió por todos, no por algunos.
Isaías 53 muestra quiénes somos: hijos de Dios con manto de real sacerdocio y nación santa, representantes de Dios en la tierra con voz de autoridad y poder.
Cuando los hijos de Dios hablan con unción, los cielos se abren y el infierno se parte. Jesús es el camino, verdad y paz verdadera, no como la del mundo con deseos carnales y vanagloria.