China desarrolló perros robots equipados con sensores, cámaras e inteligencia artificial para inspeccionar centrales eléctricas y entornos energéticos complejos de forma autónoma, incluso en zonas de difícil acceso.
Estos dispositivos recopilan datos en tiempo real sin presencia humana y tienen aplicaciones militares como en Ucrania y Rusia: reconocimiento de terreno, detección de minas, transporte de suministros y vigilancia.
La tecnología gana terreno en conflictos armados de Medio Oriente y Europa.