Tiago Vera, el chico de 18 años impactado por una garrafa que voló hasta 120 metros desde el depósito explosionado en Mariano Acosta, permanece en coma farmacológico y asistencia ventilatoria mecánica en el hospital Eva Perón. Está hemodinámicamente estable pero en terapia intensiva, con un catéter para drenar presión intracranial tras ser intervenido quirúrgicamente ayer a las 13 horas. Los próximos 72 horas son críticas para evitar edema cerebral y evaluar una prótesis en el cráneo hundido.
Otras tres personas hospitalizadas presentan quemaduras de primer y segundo grado en manos y cara, dos de ellas en terapia intensiva por compromiso de vías aéreas. La familia de Tiago, con Rosa la madre y Alberto el padre turnándose en visitas, pide cadenas de oración y colecta para gastos médicos, ya que la plaqueta craneal es costosa e importada. El chico estaba en el patio de su casa con su madre cuando ocurrió el impacto, descrito como la caída de un meteorito.
Siete familias perdieron sus viviendas totalmente y otras diez sufrieron daños parciales, pasando la noche en veredas, casas de familiares o el club La Tapera, que recibe donaciones de ropa, alimentos y frazadas. Vecinos limpian garrafas desparramadas por el barrio humilde sin ayuda oficial inmediata, mientras Defensa Civil y trabajadoras sociales relevan daños. El municipio de Merlo coordina con el Ministerio de Desarrollo Social provincial para reconstrucción y materiales.
El depósito no habilitado almacenaba 2.500 garrafas y era regenteado por Benítez de 48 años, quien lo reconoció; vecinos denunciaban riesgos latentes desde hace años por escapes previos, pero faltó control pese a reclamos. Imágenes muestran destrucción como de misil, con garrafas en techos y patios, en un barrio precario junto a un arroyo.