Noelia Castillo Ramos, de 25 años y parapléjica tras arrojarse de un quinto piso en 2022 por abuso sexual múltiple, enfrenta sus últimas horas de vida con eutanasia aprobada en Barcelona, España, pese a oposición familiar inicial.
Padeció trastorno obsesivo compulsivo y límite de personalidad desde niña, con internaciones y intentos de suicidio; su padre judicializó el proceso por motivos religiosos, pero la justicia lo habilitó, mientras su madre la acompaña hasta el final aunque no está de acuerdo.
En su única entrevista hace cuatro días, Noelia rechazó ofertas de tratamientos pagados y confirmó su decisión irrevocable de morir sola con propofol y neurobloqueante, maquillada y en paz, sin ser ejemplo para nadie.
El panel debate el dolor psíquico versus físico, la valentía requerida y límites éticos en eutanasia para enfermedades mentales, destacando que el 98% opta por asistencia médica directa.