Una maestra de Bahía Blanca adoptó a una niña de ocho años del hogar 802 Villanocito con Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD), diagnosticado por retraso madurativo debido a desnutrición y violencia familiar extrema.
Comenzó como vínculo atípico docente-alumna; la visitaba domingos y asumió responsabilidad afectiva y civil, gestionando terapias con neurólogos pese a problemas con obra social y juicio penal contra la familia por maltratos, logrando condena a uno.
A los 36 años, sintió que era su misión vital tras vocación en discapacidad; la niña la eligió por su amabilidad y fe, creyendo Dios la puso en su camino tras postularse cinco veces al cargo pese a renuncias previas.
Hoy rezan agradeciendo; la niña destaca la sonrisa mágica pese a abusos aberrantes relatados, documentados en un libro de aventuras desde su primer helado juntas.